A través de la historia las filosofías occidental y oriental, se diferenciaban substancialmente. Mientras en occidente se hacía un culto al trabajo y a la ocupación, aún cayendo en la adicción sin límites, en oriente, por el contrario, se honraba al ocio y la contemplación, como algo digno y de lo cual poder sentirse orgulloso. Al parecer esas diferencias son cosa del pasado, ya que con el asunto de la globalización, occidente ha convertido a oriente al “vicio” del trabajo, despojándolo de una parte que yo encuentro absolutamente imprescindible para un disfrute integral de la vida: la capacidad de poder disfrutar tanto del trabajo como del ocio. Lamentablemente a alguno de nosotros esta comprobación nos llegó un poco tarde, pero, como dice el refrán: “más vale tarde que nunca”, y para los jóvenes que lo apliquen, les vá a resultar saludable a lo largo de la vida. Lograr un balance entre estar muy ocupado y en no estarlo en absoluto. Disfrutar tanto de un buen día de trabajo y esfuerzo, como así también de un tiempo dedicado a la lectura, a un hobby, a cualquier actividad que nos guste porque sí nomás, o simplemente a la fiaca, sin sentir remordimiento. En otras palabras: lograr el equilibrio ideal de un 50 y 50, que no nos vá a hacer más que bien.


